
Las semillas de este libro fueron sembradas por primera vez en mi jardín —mientras estaba sembrando semillas, es más. Sembrar semillas es algo placentero, tranquilo, un trabajo no demasiado exigente; hay espacio de sobra para pensar sobre otras cosas mientras se hace. En esta tarde de mayo en particular yo resultaba estar sembrando en las cercanías de un manzano fl orecido repleto y vibrante de abejas. Y lo que me encontré pensando fue esto: ¿Qué diferencia existencial hay entre el rol de los seres humanos en este (o cualquier otro) jardín y el de los abejorros?
(...) Pero esa tarde en mi jardín me encontré preguntandome: ¿Qué pasa si la gramática está equivocada? ¿Qué pasa si no es nada más que una convención autosuficiente? Un abejorro probablemente también se concibe a sí mismo como un sujeto en el jardín y al capullo que está saqueando para apoderarse de su gota de néctar como el objeto. Pero nosotros sabemos que eso es un producto de su imaginación. La verdad es que la flor ha manipulado ingeniosamente a la abeja para que reparta su polen de una flor a otra.
(...) Esa tarde de mayo, de repente, el jardín se me apareció bajo una nueva luz, los varios placeres que ofrecía al ojo, al olfato y al gusto ya no eran tan inocentes y pasivos. Todas estas plantas, a las que siempre consideré objetos de mi deseo eran también, me di cuenta, sujetos actuando sobre mi, haciéndome hacer cosas por ellos que no podían hacer por sí mismos. Y ahí es cuando tuve la idea: ¿Qué pasaría si miráramos al mundo más allá del jardín de esta manera, considerando nuestro lugar en la naturaleza desde la misma perspectiva invertida?
Este libro intenta hacer justo eso, contando la historia de cuatro plantas que nos son familiares —la manzana, el tulipán, el cannabis y la papa— y los deseos humanos que unen sus destinos con el nuestro. Su tema más amplio es la compleja relación recíproca entre el mundo natural y el humano, que yo enfoco desde un ángulo poco convencional: tomo en serio el punto de vista de la planta.
(...) Llamo a este libro
La botánica del deseo porque trata tanto sobre los deseos humanos que nos conectan con estas plantas como de las plantas mismas. Mi premisa es que los deseos humanos forman parte de la historia natural de la misma manera que lo hace el gusto de los colibríes por el rojo o el gusto de la hormiga por la melaza de los pulgones. Pienso que son el equivalente humano del néctar. Así que mientras este libro explora la historia social de estas plantas, entretejiendola con nuestra historia, es la mismo tiempo una historia natural de los cuatro deseos humanos que estas plantas evolucionaron para incitar y satisfacer.