lunes 16 de noviembre de 2009

¡Taller para chicos!

TALLER PARA CHICOS
con mejunje
en noviembre

sábado 21/11
DIBUJOS Y PLANTAS
miramos a las plantas. ¿qué son? ¿sirven para algo? ¿cómo funcionan?
y también las dibujamos, que es más divertido.

sábado 28/11
MACETAS Y CONSTRUCCIONES
usamos cosas que encontramos por casa o en la vereda para que las plantas vivan ahí.
¡y también usamos esas cosas para hacer un lugar en que vivamos nosotros!

¡Y CIERRE CON JUEGOS MUSICALES!

*

PARA CHICOS DE 5 A 10 AÑOS
CUPOS LIMITADOS (8 chicos)

ARANCEL
un día: $60
los dos días: $120

DURACIÓN: tres horas (de 15 a 18)

PREGUNTAS E INSCRIPCIONES
mailjunje@gmail.com
turbo@doma.tv

miércoles 21 de octubre de 2009

Taller - El humano abejorro


Las semillas de este libro fueron sembradas por primera vez en mi jardín —mientras estaba sembrando semillas, es más. Sembrar semillas es algo placentero, tranquilo, un trabajo no demasiado exigente; hay espacio de sobra para pensar sobre otras cosas mientras se hace. En esta tarde de mayo en particular yo resultaba estar sembrando en las cercanías de un manzano fl orecido repleto y vibrante de abejas. Y lo que me encontré pensando fue esto: ¿Qué diferencia existencial hay entre el rol de los seres humanos en este (o cualquier otro) jardín y el de los abejorros?
(...) Pero esa tarde en mi jardín me encontré preguntandome: ¿Qué pasa si la gramática está equivocada? ¿Qué pasa si no es nada más que una convención autosuficiente? Un abejorro probablemente también se concibe a sí mismo como un sujeto en el jardín y al capullo que está saqueando para apoderarse de su gota de néctar como el objeto. Pero nosotros sabemos que eso es un producto de su imaginación. La verdad es que la flor ha manipulado ingeniosamente a la abeja para que reparta su polen de una flor a otra.
(...) Esa tarde de mayo, de repente, el jardín se me apareció bajo una nueva luz, los varios placeres que ofrecía al ojo, al olfato y al gusto ya no eran tan inocentes y pasivos. Todas estas plantas, a las que siempre consideré objetos de mi deseo eran también, me di cuenta, sujetos actuando sobre mi, haciéndome hacer cosas por ellos que no podían hacer por sí mismos. Y ahí es cuando tuve la idea: ¿Qué pasaría si miráramos al mundo más allá del jardín de esta manera, considerando nuestro lugar en la naturaleza desde la misma perspectiva invertida?
Este libro intenta hacer justo eso, contando la historia de cuatro plantas que nos son familiares —la manzana, el tulipán, el cannabis y la papa— y los deseos humanos que unen sus destinos con el nuestro. Su tema más amplio es la compleja relación recíproca entre el mundo natural y el humano, que yo enfoco desde un ángulo poco convencional: tomo en serio el punto de vista de la planta.
(...) Llamo a este libro La botánica del deseo porque trata tanto sobre los deseos humanos que nos conectan con estas plantas como de las plantas mismas. Mi premisa es que los deseos humanos forman parte de la historia natural de la misma manera que lo hace el gusto de los colibríes por el rojo o el gusto de la hormiga por la melaza de los pulgones. Pienso que son el equivalente humano del néctar. Así que mientras este libro explora la historia social de estas plantas, entretejiendola con nuestra historia, es la mismo tiempo una historia natural de los cuatro deseos humanos que estas plantas evolucionaron para incitar y satisfacer.

Michael Pollan, The Botany of Desire: A plant´s eye-view of the world
Random Press, Nueva York, 2002.
Traducción de Mercedes Villalba de la Introducción "El humano abejorro"

martes 1 de septiembre de 2009

Taller- El océano, que es inmenso



Werner Herzog, The Wild Blue Yonder (2005)

La base

Son los últimos días del sol,
dice el cabo
que mira el mar con sol.
Pero cómo creerlo.

Qué largo sin gaviotas
el baño de la base.
Entra el viento del mar
por una punta
y una canilla pierde
a todas horas.
El baño de la base
se helará en el invierno,
pero nunca será
como el invierno
en la lluvia del muelle
en la bahía.

Siento cada día menos
el frío de las duchas,
siento cada día menos
el frío del mar.
Duermo en la tierra,
camino contra el viento
y en la playa hay algas
de nadie y apretadas
para que todavía
piense un sexo.

Mi cuerpo cambia,
mi alma cambia.
Son los últimos días
de sol,
dice el cabo
que mira el mar. No sabe
que son siempre de sol
los días nuevos
aunque la niebla aplaye
y llueva por afuera
y una canilla pierda
su vidrio sin gaviotas
en este largo túnel
de la base.

Héctor Viel Temperley, La base y otros poemas con nostalgia (1973)
en Obra Completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006.

miércoles 19 de agosto de 2009

Taller - W. Whitman



(...) ¡Cómo cantar de un modo condigno esa nueva fe de los hombres! Había una respuesta evidente; la que hubiera elegido, tentado por las facilidades de la retórica o por la mera inercia, casi cualquier otro escritor. Urdir laboriosamente una oda o tal vez una alegoría, no desprovista de inetrjecciones vocativas y letras mayúsculas. Whitman, felizmente, la rechazó.
Pensó que la democracia era un hecho nuevo y que su exaltación requería un procedimiento no menos nuevo.
He hablado de epopeya. En cada uno de los modelos ilustres que el joven Whitman conocía y que llamó feudales, hay un personaje central — Aquiles, Ulises, Eneas, Rolando, El Cid, Sigfrido, Cristo— cuya estatura resulta superior a la de los otros, que están supeditados a él. Esta primacía, se dijo Whitman, corresponde a un mundo abolido o que aspiramos a abolir, el de la aristocracia. Mi epopeya no puede ser así; tiene que ser plural, tiene que declarar o presuponer la incomparable y absoluta igualdad de todos los hombres. Semejante necesidad parace conducir fatalmente a un mero fárrago de la acumulació y el caos; Whitman, que era un hombre de genio, sorteó prodigiosamente este riesgo. Ejecutó con felicidad el experimento más audaz y más vasto que la historia de la literatura registra.
Hablar de experimentos literarios es hablar de ejercicios que han fracasado de una manera más o menos brillante, como las Soledades de Góngora o la obra de Joyce. El experimento de Whitman salió tan bien que propendemos a olvidar que fue un experimento.
En algún verso de su libro, Whitman recuerda telas medievales con muchos personajes, algunos aureolados y preeminentes, y declara que se propone pintar una tela definitiva, poblada de infinitos personajes, todos con sus aureolas. ¿Cómo ejecutar semejante hazaña? Whitman, increíblemente, lo hizo. (...)
Jorge Luis Borges, Buenos Aires, 19 de Junio de 1969.
— Prólogo a Hojas de Hierba de Editorial Lúmen, Barcelona, 1999.

lunes 10 de agosto de 2009

Taller - E. Pound y E. Dickinson


Constantemente repito que se necesitaron dos siglos de Provenza y uno de Toscana para desarrollar los instrumentos que utilizó Dante en su obra maestra, y que fueron necesarios los latinistas del Renacimiento y la Pléyade, además del lenguaje colorido de su propia época, para preparar los instrumentos de Shakespeare. Es de enorme importancia que se escriba gran poesía, pero no importa en absoluto quién la escriba.
Si algo se expresó de una manera definitiva en la Atlántida o en la Arcadia, en el año 450 a. c., o en el 1290 de nuestra era, no nos toca a los modernos decirlo de nuevo ni empañar la memoria de los muertos diciendo lo mismo pero con menos habilidad y convicción.
En cada época uno o dos genios descubren algo y lo expresan. Puede estar solo en una o dos líneas, o en alguna cualidad de una cadencia, y después veinte o doscientos o dos mil o más seguidores repiten y diluyen y modifican.
La gran literatura es sencillamente idioma cargado de significado hasta el máximo de sus posibilidades. Tal como en medicina existen el arte de diagnosticar y el arte de curar, también en las artes, y en las artes particulares de la poesía ... existe el arte de diagnosticar y el de curar. Uno persigue el culto de la fealdad y el otro el culto de la belleza.
La mayoría de los llamados poetas mayores han regalado su propio don, pero el término de “mayor” es más bien un regalo que les hace Cronos a ellos. Quiero decir que han nacido justamente a su hora y que les fue dado amontonar y arreglar y armonizar los resultados de los trabajos de muchos hombres.(...)
Ezra Pound, El Arte de la Poesía (1945)

*

1755

Una pradera puede hacerse con un trébol y una abeja,
un trébol, una abeja,
y ensueño.
El ensueño basta
si son pocas las abejas.
Emily Dickinson, Poemas
Tusquets Ed., Buenos Aires, 2006.
— Traducciones de Silvina Ocampo,

jueves 6 de agosto de 2009

Taller - William Carlos Williams



— Gracias Daniel

miércoles 5 de agosto de 2009

Taller - La India Fantasma




Louis Malle, L'Inde Phantom, Eclipse Criterion Selection (2007)